EL DESTINO DE LA LECTURA

La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo. Alan Kay.

“Un mundo posible, un mundo probable” es el mundo que nuestro autor José Manuel Lucía nos está defendiendo en su Elogio al texto digital. Un mundo que cree en el avance, en el progreso, en la tecnología y en el cambio.
Destacaremos como palabra primordial y transversal en este texto, la palabra CAMBIO, es decir, ese momento en el que dejamos una cosa o situación para tomar otra diferente. Y esto precisamente es lo que nos quiere hacer entender el autor, que motivemos el cambio desde una sociedad analógica hacia una sociedad digital o tecnológica. Nos quiere hacer ver que el cambio no tiene por qué llevar consigo una connotación negativa o de pérdida, sino que lleva implícito el significado de progreso y evolución, sin dejar de lado lo que un día existió.
Pero como bien se observa en el Elogio al texto digital, ¿Hasta cuándo el miedo imaginario ante los cambios de una nueva tecnología va a seguir paralizando las propuestas innovadoras que deberían surgir de la Universidad, de los centros de investigación? ¿Hasta cuándo hemos de seguir creyendo en la unidad del texto con el libro impreso, y que, modificando este, conlleva la muerte de aquel?
A lo largo de toda la obra, el autor nos intenta convencer de que el mundo digital es un mundo que debe ocupar, sin miedo, todas nuestras vidas; y por ello, nos argumenta que lo que te ofrece esta nueva tecnología es perdurabilidad (frente a la oralidad de otros tiempos). Además de esa perdurabilidad, califica a la esfera digital como aquella que posee “archivos de memoria” que no podrán ser borrados y que se caracterizan por la suma infinita de conocimientos, como pudo ser el Memex de Vannebar Brush, uno de los que cree en el progreso y en la suma de conocimiento del hombre.
Pero, ante esto y personalmente, opino que es cierto que los proyectos informáticos, las llamadas “plataformas de conocimiento” y el hipertexto, entre otras, nos ofrecen una capacidad mayor de almacenamiento que una simple estantería de biblioteca; pero ello no quita que en el mundo analógico también pueda hallarse esa “perdurabilidad”. No solo es una característica propia del mundo digital; es una característica compartida por ambos mundos, solo que uno de ellos le da una capacidad superior.

Al leer este libro me ha resultado importante resaltar la influencia que ha tenido la tecnología en la vida personal de cada uno de nosotros. Hace unos años, y tampoco tantos, los ordenadores y diferentes máquinas electrónicas no salían del escritorio de una oficina en la que se cumplía, exclusivamente, horas de trabajo. Actualmente, los ordenadores tienen casa propia, y poco quedará para que cada uno de ellos también tenga un nombre y apellidos.
Las casas están rodeadas de aparatos digitales que han invadido día a día los medios de transporte, los lugares de trabajo y los sitios de ocio.
Esto es algo que a mí me aterra. Lo que eran conversaciones donde disfrutabas de lo que la otra persona te contaba, en las que te involucrabas y en las que la tenías cara a cara, han desaparecido. Ahora vivimos en un mundo mucho más frío y mecánico.

Otra de las ventajas que José Manuel Lucía nos destaca en su elogio es que el mundo digital nos oferta puestos de trabajo. Esto significa que, actualmente, hay muchos jóvenes que al tener conocimientos amplios y superiores respecto a la tecnología, son capaces de crear empresas propias. Solo tenemos que observar el caso del creador de Facebook o de miles de programas informáticos que alcanzan la fama y enriquecen a sus creadores.
Otro aspecto que se nos refleja en el libro es la creación de nuevos motes que nacen con este mundo y que se han convertido en voces cotidianas, que antes, eran inexistentes. Por ejemplo, la voz hacker.

Pero debemos tener en cuenta que, si la sociedad cambia todas las instituciones lo hacen con ella. Como bien se nos relata en el texto, ahora se encuentran en proceso de cambio organismos como las Bibliotecas. Dentro de estas diferenciamos las BDV (Bibliotecas Digitales Virtuales) y las BDT (Bibliotecas Digitales Textuales), las primeras relacionadas con el diseño de los portales y vinculadas a la participación y la interacción del lector; y las segundas en relación a los modos de archivo, catalogación y difusión propios del mundo analógico, antes que vinculadas con la explotación de las posibilidades del universo digital.

En definitiva, hemos visto como la tecnología está a la orden del día, convive con nosotros a cada paso que damos. Nos encontramos en una sociedad que no te invita a que te modernices con ella, sino que te obliga a ello. No puedes elegir en qué tipo de mundo vivir, ya que, se te impone el mundo digital que cada día avanza a pasos agigantados. No es el miedo a lo desconocido ni al fracaso, es el miedo a la pérdida de esos libros que rodeaban tu dormitorio, miedo a la desaparición del olor propio de un libro de papel y a no tocar más, lo que era, es y será, un gran tesoro.

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