NOCILLA DREAM

Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiéramos. Marguerite Duras.

Peculiar. Pongámosle la etiqueta de “peculiar” a Nocilla Dream. Peculiar es el atributo que mejor puede definir esta novela de Agustín Fernández Mallo, ya que sus 113 breves capítulos provocan en el lector desconcierto, pérdida del hilo narrativo, curiosidad y ganas de saber un final que en ocasiones, no aparecía. Un final que es posible que el autor alejara de nuestras manos.

La finalidad tras la lectura de Nocilla Dream es responder a la siguiente cuestión: ¿Cómo podemos relacionar esta novela con el mundo digital?

Me atrevería a decir que cada lector saca sus propias conclusiones y una relación con la esfera digital subjetiva y propia de la obra. No es una novela que tenga una única posible lectura, sino que da pie a varias interpretaciones.

En el mundo digital se encuentra todo interrelacionado; las diferentes páginas web que funcionan simultáneamente, el concepto de hipertexto (aquel texto fijado en Internet que siempre está relacionado con unas u otras páginas o enlaces), la pérdida o desconcierto que puede generar el mundo digital a la hora de trabajar y convivir con él, o la posibilidad de dejar algo que estabas realizando y poder retomarlo más tarde.

Todos estos aspectos que caracterizan este tipo de mundo tecnológico los hemos podido relacionar con la obra, ya que en esta, también observamos cómo las historias que se cuentan están interrelacionadas, se entrelazan, se cortan, se retoman más adelante o se conectan personajes de diferentes capítulos. A mi parecer, lo que hemos experimentado con Nocilla Dream se asemeja bastante a la figura de hipertexto; esto es, en un mismo capítulo puede haber referencias que nos llevan a entender o a enlazar sucesos que ocurren en otros episodios, es decir, leyendo un capítulo o texto podemos enlazarlo con otros capítulos de la misma novela. Además, hace partícipe al lector y permite que este sea quien saque sus propias conclusiones e invente finales. Esto también ocurre en el mundo digital, ya que es el internauta quien toma el mando.

Al ser una novela que entrecorta historias o enlaza personajes, y que a su vez lo hace en diferentes capítulos (como puede ser el caso de Falconetti, Sherry, Billy o Josep), provoca una situación de pérdida y confusión; al igual que ocurría en la esfera digital por parte de aquellos inmigrantes digitales o por aquellos que no saben desenvolverse en este ámbito.

No podemos olvidar que en la obra también se nos muestra de una manera explícita aspectos relacionados con la informática, como pueden ser por ejemplo: en el capítulo 38 se nos muestran diferentes planos simultáneamente, en el capítulo 39 con el personaje Ted se nos habla del concepto de “micronación” y todo lo que este abarca, cómo en el año 2054 el CD-ROM será un objeto anticuado que esa generación no sabrá utilizar y se entiende la informática como un arte futuro y expresión artística. También se nos presenta la idea de que vivimos inmersos en un invisible océano de ondas electromagnéticas o que Internet funciona como una forma contemporánea de viaje.

Debo resaltar una idea que me llamó mucho la atención; y es que, se nos dice en la novela que un PC está más vivo que un humano porque la máquina tiene luz por dentro, cosa que el humano, no. De hecho, se pone sobre la mesa el concepto “descarga” que es entendido como un proceso en el cual se vacía el cerebro del ser humano y todo su contenido se traspasa a un ordenador, o los “nano-computadores” que son unos PCS integrados e implantados en el cerebro que pueden proporcionar una memoria adicional, superior a la actual del ser humano. Con todo lo dicho, deberíamos hacernos a la idea de cómo y cuánto está afectando, y sí, digo afectando, el mundo digital al ser humano.

 

En definitiva, es una novela arriesgada que hace referencia al cine independiente norteamericano, a la historia del collage, al arte conceptual, y sobre todo, a la vida que están cobrando las máquinas digitales y la posible decadencia de la novela.

Nocilla Dream nos aporta magia, locura, conexión, pérdida, recuperación, letras, renglones, textos, personajes e historia. Es decir, lo que se viene llamando LIBRO.

EL DESTINO DE LA LECTURA

La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo. Alan Kay.

“Un mundo posible, un mundo probable” es el mundo que nuestro autor José Manuel Lucía nos está defendiendo en su Elogio al texto digital. Un mundo que cree en el avance, en el progreso, en la tecnología y en el cambio.
Destacaremos como palabra primordial y transversal en este texto, la palabra CAMBIO, es decir, ese momento en el que dejamos una cosa o situación para tomar otra diferente. Y esto precisamente es lo que nos quiere hacer entender el autor, que motivemos el cambio desde una sociedad analógica hacia una sociedad digital o tecnológica. Nos quiere hacer ver que el cambio no tiene por qué llevar consigo una connotación negativa o de pérdida, sino que lleva implícito el significado de progreso y evolución, sin dejar de lado lo que un día existió.
Pero como bien se observa en el Elogio al texto digital, ¿Hasta cuándo el miedo imaginario ante los cambios de una nueva tecnología va a seguir paralizando las propuestas innovadoras que deberían surgir de la Universidad, de los centros de investigación? ¿Hasta cuándo hemos de seguir creyendo en la unidad del texto con el libro impreso, y que, modificando este, conlleva la muerte de aquel?
A lo largo de toda la obra, el autor nos intenta convencer de que el mundo digital es un mundo que debe ocupar, sin miedo, todas nuestras vidas; y por ello, nos argumenta que lo que te ofrece esta nueva tecnología es perdurabilidad (frente a la oralidad de otros tiempos). Además de esa perdurabilidad, califica a la esfera digital como aquella que posee “archivos de memoria” que no podrán ser borrados y que se caracterizan por la suma infinita de conocimientos, como pudo ser el Memex de Vannebar Brush, uno de los que cree en el progreso y en la suma de conocimiento del hombre.
Pero, ante esto y personalmente, opino que es cierto que los proyectos informáticos, las llamadas “plataformas de conocimiento” y el hipertexto, entre otras, nos ofrecen una capacidad mayor de almacenamiento que una simple estantería de biblioteca; pero ello no quita que en el mundo analógico también pueda hallarse esa “perdurabilidad”. No solo es una característica propia del mundo digital; es una característica compartida por ambos mundos, solo que uno de ellos le da una capacidad superior.

Al leer este libro me ha resultado importante resaltar la influencia que ha tenido la tecnología en la vida personal de cada uno de nosotros. Hace unos años, y tampoco tantos, los ordenadores y diferentes máquinas electrónicas no salían del escritorio de una oficina en la que se cumplía, exclusivamente, horas de trabajo. Actualmente, los ordenadores tienen casa propia, y poco quedará para que cada uno de ellos también tenga un nombre y apellidos.
Las casas están rodeadas de aparatos digitales que han invadido día a día los medios de transporte, los lugares de trabajo y los sitios de ocio.
Esto es algo que a mí me aterra. Lo que eran conversaciones donde disfrutabas de lo que la otra persona te contaba, en las que te involucrabas y en las que la tenías cara a cara, han desaparecido. Ahora vivimos en un mundo mucho más frío y mecánico.

Otra de las ventajas que José Manuel Lucía nos destaca en su elogio es que el mundo digital nos oferta puestos de trabajo. Esto significa que, actualmente, hay muchos jóvenes que al tener conocimientos amplios y superiores respecto a la tecnología, son capaces de crear empresas propias. Solo tenemos que observar el caso del creador de Facebook o de miles de programas informáticos que alcanzan la fama y enriquecen a sus creadores.
Otro aspecto que se nos refleja en el libro es la creación de nuevos motes que nacen con este mundo y que se han convertido en voces cotidianas, que antes, eran inexistentes. Por ejemplo, la voz hacker.

Pero debemos tener en cuenta que, si la sociedad cambia todas las instituciones lo hacen con ella. Como bien se nos relata en el texto, ahora se encuentran en proceso de cambio organismos como las Bibliotecas. Dentro de estas diferenciamos las BDV (Bibliotecas Digitales Virtuales) y las BDT (Bibliotecas Digitales Textuales), las primeras relacionadas con el diseño de los portales y vinculadas a la participación y la interacción del lector; y las segundas en relación a los modos de archivo, catalogación y difusión propios del mundo analógico, antes que vinculadas con la explotación de las posibilidades del universo digital.

En definitiva, hemos visto como la tecnología está a la orden del día, convive con nosotros a cada paso que damos. Nos encontramos en una sociedad que no te invita a que te modernices con ella, sino que te obliga a ello. No puedes elegir en qué tipo de mundo vivir, ya que, se te impone el mundo digital que cada día avanza a pasos agigantados. No es el miedo a lo desconocido ni al fracaso, es el miedo a la pérdida de esos libros que rodeaban tu dormitorio, miedo a la desaparición del olor propio de un libro de papel y a no tocar más, lo que era, es y será, un gran tesoro.

YO LEO, TÚ LEES, NOSOTROS LEEMOS.

La lectura nos regala mucha compañía, libertad para ser de otra manera y ser más”. Pedro Laín Entralgo.

     Todos los textos literarios que conocemos se engloban dentro de campo literario y editorial. En él, encontramos diferentes agentes o figuras que permiten que los textos adquieran una condición pública, que sean evaluados, leídos, vendidos, estudiados y, a posteriori, archivados.

      Pero, de todas las figuras que podemos encontrar, ya sean críticos, autores, editores, agentes literarios, libreros o distribuidores, la más interesante o relevante, a mi parecer, es la figura del lector. Deberíamos hacernos la siguiente pregunta… ¿Qué sería del mundo literario sin un lector?

     El lector es el eslabón capital, el receptor, aquel que da vida a unas letras escritas en unas hojas sin vida. Da un sentido a los libros publicados, un sentido propio y subjetivo, tiene el poder de condicionar al autor, ya que el propio autor escribe pensando en los gustos y preferencias de su público.

    Debemos entender al lector como una figura activa y receptiva porque, a su manera, interrogan y dejan responder al texto. Este receptor establece una conexión con la obra que provocará un acercamiento y le permitirá establecer un juicio positivo o negativo sobre esta.

     El lector existe desde que nace la escritura, desde que las letras son plasmadas sobre cualquier superficie legible. Pero, ¿El lector cambia cuando la sociedad lo hace? Sí, con el paso del tiempo, la concepción del lector ha ido modificándose.

     Como es natural, la sociedad cambia y desajusta todo lo que en ella se encuentra. A rasgos generales, y en cuanto a términos literarios nos referimos, hemos pasado de encontrarnos bajo una sociedad caracterizada por la lectura sobre hojas de papel, a vernos inmersos en una sociedad donde la tecnología reina. Vivimos introducimos en la llamada “esfera digital”.

      A consecuencia de todos estos cambios, nos encontramos con un lector digital que participa en los sitios webs y blogs, que siempre lleva bajo el brazo un libro electrónico. El lector ya no es aquel que lleva esos libros, consigo, de olor propio y un tacto especial. Es un lector que ha dejado de apreciar pequeños placeres que la lectura, sobre papel, ofrecía. Ha pasado al recuerdo un mundo con el que muchos conocimos aquello llamado lectura. Se ha cerrado esta puerta, pero como siempre, se ha abierto una ventana o escapatoria digital.

      Aunque como se suele decir, los cambios son buenos y son indicios de prosperidad, y este “mundo de lectura nuevo” también tiene sus partes positivas. Esto ha hecho que ahora los lectores se multipliquen, se tenga más accesibilidad a los textos, y que por internet y mediante la web se encuentre todo de una forma más rápida. El mismo lector no es consciente de que día tras día, miles de noticias bombardean su correo, incluso en sus redes sociales se encuentra leyendo continuamente.

     El hecho de que “sea más fácil” tener a tu alcance infinidad de textos, hace que la persona guarde esa pereza que antes le podría suponer el desplazarse hasta una biblioteca o librería para adquirir ciertos documentos u obras. Personalmente, me parece una realidad triste, pero sin embargo es una realidad tangible.

      El lector es esa potencia que siempre da de sí se encuentre en la sociedad en la que se encuentre. Para mí, esto es un lector…pero para ti, ¿qué es un lector?

Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Jorge Luis Borges.